El umbral y la lampara
El umbral y la lampara
Dicen que la tierra tiene memoria.
Que en el viento queda lo que uno grita con el corazón.
Yo he dicho mucho he escrito aún más.
Pero hay cosas que se graban en silencio.
Pero este bow-window ¡qué maravilla!
La vista inmensa, paciente
se ofrece como si supiera
que alguien la busca para recordar.
Ahí está el mar quieto, inmenso,
como aquel julio de 1865.
Muchos himnos siguen tibios
todavía en mi garganta.
Buscar a alguien
es empezar a vaciarse.
Quizás buscarlo era también buscarme a mí.
Saber si aún podía resistir,
si podía seguir creyendo en lo que vinimos a hacer.
Porque si se pierde uno
¿no nos perdemos todos un poco?
Esos pensamientos atraviesan mi memoria.
Escucho el mar.
Siento el sol.
Sus ojos buscando el horizonte.
Repetir un nombre es conjurar su destino.
Un destino que se vuelve silencio,
y otra forma de búsqueda.
Quizás el umbral sea muy oscuro,
y esta lámpara no alcance a iluminarte.
Pero siempre fui un hombre de fe.
Y la fe no es ingenuidad.
Es resistencia.
Una forma de esperanza madura,
que ha conocido el miedo, la duda, la pérdida
y sin embargo sigue.
Resiste.
Busca.
Estoy aquí.
He vuelto.
Y no olvido que todos estuvimos uno al lado del otro,
bañados de deseo, de ansiedad,
de espuma de mar, de rayos de sol,
de viento y de tormentas.
Y de aquel día.
En que el destino fue como una tijera,
cortando lo que parecía unido, lo que parecía perfecto.
Las encontró Aaron dos años después.
Oxidadas, pero intactas: las tijeras de David.
Qué símbolo tan extraño, tan preciso.
El destino corta como una tijera.
Une y separa, cose y descose.
Todo hilo puede romperse.
Toda vida es una costura fina,
hecha entre lo que somos
y lo que ya no volveremos a ser.
Solo queda recordar.
Aquí.
En este bow-window,
en este museo,
en este instante en que el sol empieza a bajar.
Mehefin - Comp. 19 Monólogo – Propuesta A : “Personaje : Richard J. Berwyn recordando a David Williams ”